Diente de león y Gota de rocío

 Él era un diente de león viajando por el viento Ella era una gota de rocío que descendió en la madrugada y se junto con otras gotas sobre una suave hoja de crisantemo 

El viento levantó al diente de león y le llevó por distintas partes para que pudiera descubrir la vida. 

Sintió el árido desierto y vio a gigantes árboles y delicadas mariposas.

 Entonces el viento le hizo descender delicadamente sobre el crisantemo

rodando hasta que se encontró con ella de frente.

 Vio esos ojos insondables, traslúcidos con mil preguntas y mil respuestas y sin darse cuenta estaba inmerso en ella bebiendo de su vida, de sus memorias eternas y de sus sueños tropicales.

 Entonces vino la cálida brisa de la tarde y susurro a la gota de lluvia y al diente de león

 que el tiempo se había acabado y ya nada iba a ser igual. 

Llorando se tomaron de las manos  hasta que el cálido aire los separó.

 Él nunca bebió lo suficiente de ella y ella nunca tuvo los besos suficiente de su boca. 

Después de un rato el diente de león cayó sobre un prado cercano y se recogió llorando. 

Y ella al medio día era un vapor liviano que se junto con sus hermanas para volver al cielo y ser nube.

 Él cambio. De su interior brotaron raíces y hojas y aunque bebió de la lluvia del verano, nunca fue igual.

 No era esa lluvia ella. 

Ellos lo visitaba en silencio cada mañana en el rocío dándole de su humedad aunque él no lo notara. 

Y así se hicieron uno, amándose entres hojas y vapor, entre raíces y suave rocío. Se aman sin separarse

Creo que era algo así como el amor, creo que era mucho más que el amor...

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