Penélope
Yo quise que ella fuera Penélope,
Que se sentara cada tarde en Ítaca a la puerta de la casa y desde ahí oteara a la distancia esperando mi barco.
Pero yo como Odiseo, perdido en tormentas y mares embravecidos de mi propia vida,
no podía entender la profunda ironía de haber retado a los cielos,
cuando quien esperaba a diario ella.
Cuando ella, ya no por amor sino ira y terquedad, reclamaba a los cielos lo mismo que yo negaba querer
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