Ayer Mientras Llovia
Ella tenía un rostro pálido y una mirada encharcada. La lluvia había hecho también su trabajo dejándola empapada y temblando por todas partes. A veces pensé que esa misma mirada que veía casi a diario, era la más bella que habían visto mis ojos en años. Pero esa tarde fría y lluviosa me reservaba una sorpresa extraña. En medio del creciente aguacero sonó el timbre. Yo dejé el libro de Borges abierto y boca abajo contra mi pierna y escuche con cuidado. El timbre sonó otra vez y entonces salí para ver de qué se trataba. Abrí la pequeña ventanilla para saber quién estaba ahí. La abrí lento y en silencio. Ella estaba mirando hacia el parque y temblaba. Pero estaba de espalda y no sabía quién era. Su chaqueta de algodón gris cubría su cabeza con una enorme capucha. Estaba mojada. Apenas sintió mi mirada se giró sin levantar el rostro.
- me dejas entrar- me dijo con una voz quebrada por el llanto.
No supe que decir. Cerré la pequeña ventanilla y trate de abrir la puerta rápidamente.
- claro, pasa por favor- le invite mientras sostenía la puerta. Ella dio unos pasitos cortos y entró. Yo cerré de inmediato la puerta. Y le pedí que siguiera. Me adelante y traje un toallón. Ella se quitó la chaqueta totalmente mojada y se abrigo con el toallón. Yo recibí la chaqueta. También le di unas pantuflas y le dije que se quitará las botas. Eran unas bellas botas de charol vino tinto de plataforma. Ella accedió.
- ...no sabía que hacer, perdoname - me dijo con la voz quebrada y se puso a llorar mientras se quitaba las botas. Ella trataba de limpiarse las lágrimas que caían como cascadas. Yo estaba mudo. No sabía que hacer o que decir.
- voy a traer algo caliente -dije con torpeza, luego le indique que se sentará y puse el calefactor hacia ella. Traje un café en una taza. Ella lo tomo y agradeció con llanto.
- ¿podrías ponerle azúcar? - me dijo tratando de reir, pero obviamente no podía. Traje azúcar y ella puso una cucharada pequeña, lo mezcló y mientras lo hacía no soporto más y estalló en llanto otra vez.
¿Qué le pasaba, por qué lloraba así?
Por primera vez no tenía que decir. Solo estaba ahí teniendo la taza de café y viéndola llorar. Así estuvo un rato. Estaba tan conmovido que mis ojos se aguaron por verla. Por fin tomo la taza. Me disculpé, le dije que iba a calentar otra vez el cafe. Me puse de pie y rápidamente fui hacia la cocina. Cuando volví ella tenía la mirada perdida. Le acerque la taza y le dije que iba a poner las cosas mojadas en la secadora. Ella dio un sorbo al café y no me miró. Era comprensible mi confusión. Sin embargo era muy grande la necesidad de ayudarla, de no verla triste. Llovió muy fuerte esa tarde. Ella bebió el café y estuvo más calmada. Apenas las cosas estaban secas se las di otra vez. Las botas estaban casi secas porque habían estado cerca al calefactor. Se vistió otra vez la chaqueta. Se quitó el cabello del rostro. Estaban sus ojos rojos y su cara sonrojada. Se calzo las botas y se puso en pie. Luego me entrego la taza y me besó.
- gracias, muchas gracias- me dijo sin dejar de verme a los ojos. Yo trate de balbucear una repuesta, pero no pude. Ella sonrió. Me dio tanta pena que mostrandole la taza vacía me fui a la cocina. Cuando regrese ella se había ido. Yo me senté donde ella estuvo. ¿Fue un sueño?¿Que pasó?
Me sorprendió tanto que estuve tanto tiempo ahí en silencio, frente al calefactor viéndo las pantuflas. Entonces sonó el timbre otra vez. Me desperté con el libro de Borges aún en la mano. Suspiré profundamente. Y me puse de pie. Cuando abrí la puerta estaba ella ahí de pie bajo la lluvia, con su rostro pálido y la mirada encharcada.
- ¿puedo pasar?- me dijo.
- claro que sí, ya está casi listo el café- le respondí, sabiendo que esta vez sí tendría que decir, y no iba a dejar escapar ese tierno beso.
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